Ser Abogado de Familia

En esta ocasión querría escribir unas palabras de lo que yo considero mi profesión por vocación, ABOGADA DE FAMILIA.

Desde que comencé a ejercer, hace 28 años, he sentido especial implicación con el derecho de familia. Siempre me ha gustado el trato directo y la cercanía con personas que se encuentran en un momento muy difícil de su vida.

 Pienso que la ruptura de una pareja, especialmente cuando tienen hijos, supone un momento de crisis que desborda a la mayoría de los que pasan por este trance. Sienten que “todo” en sus vidas se desmorona. Empieza por romperse el un pilar trascendental en la vida de una persona que afecta de una forma tremenda a prácticamente todos los aspectos de ésta.

Se acaba una relación de pareja que, seguramente, se inició con un pensamiento de “para siempre”. Se afronta muchas veces con un sentimiento de culpa por un sufrimiento que afectará desde los hijos, los familiares de ambas partes, los amigos comunes, la economía familiar y, en muchos casos la propia estabilidad emocional de todos los miembros de la familia.

Creo que tener en cuenta la vulnerabilidad de los clientes en el momento en que entran en nuestros despachos es definitivo para desarrollar un trabajo que yo considero “integral”. No creo que puedas llegar a ser un buen abogado de familia sin implicarte en ese momento vital de los clientes, en el que tienes que tratar de compatibilizar sus derechos patrimoniales, sus inseguridades, incluso sus ganas de “huir hacia adelante renunciando a todo”, tratando de llegar a acuerdos por el bien de todos.

A partir de estas premisas, de las que podría ahondar horas… paso al siguiente aspecto, que también considero definitivo. No creo en el derecho de familia de lunes a viernes de 9 a 8, con vacaciones.  La vida de las personas en una crisis matrimonial no cesa los fines de semana, ni las vacaciones, ni siquiera en las noches.

A modo de anécdota puedo contar que acabo de estar en un retiro espiritual de 4 días en un lugar maravilloso y, de las 30 personas que lo compartimos yo creo que fui la única que siempre llevaba el móvil conmigo. Concretamente dos de mis clientes se encontraban en plena crisis a pocos días del juicio sin saber que hacer ante las circunstancias que les ocurrían a diario, yo debía estar a su lado.

Todo esto podría parecer agobiante, pero no lo es, cuando tu trabajo es tu vocación. Tiene muchísimas gratificaciones tanto a nivel personal, desde el sentimiento de haber hecho lo posible por el bien de la gente, hasta el reconocimiento profesional de cada uno de los clientes para quien pasas a ser parte de su entorno personal. Se trata de un acompañamiento en momentos tan críticos en los que acabas siendo más que su abogado.

 

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